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Amelia del Castillo

Hablaba el duro asfalto
de las calles,
hablaba el mar en su golpear de siglos,
y como un eco blando y redondo que crecía
hablaban todos --repetida Babel--
con voz de arena y polvo.

Y yo aquí,
testigo del naufragio.
De par en par abiertas las puertas a la vida
y la vida corriendo . . .
Desbocado su cauce,
río abajo las piedras, río abajo el desecho
de tanto andar a medias y a medias
despedirse.

(Y yo aquí . . .
Esperando el milagro del olvido
o del encuentro)

© Amelia del Castillo

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