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Hasta siempre Florit
tu Hasta luegoEugenio
Mauricio Fernández
Esta reseña sobre Eugenio Florit se publicó en Poetas
de Enlace en 1992, siete años antes de la muerte del poeta.
El poeta cubano Eugenio Florit retirado en Miami, después de tantos
años de imponer cátedra en la Universidad de Columbia en
Nueva York. Noticia literaria o el oscurecimiento del silencio.
Eugenio Florit en Miami (bien pudo ser Cuba), desde su llegada, ha congregado
a la poesía en su pureza de decir.Lo mejor de ella lo
acompaña
en oficio y claridad de la palabra.
Ochenta y ocho años vivo, vividos. Y todavía pide permiso
para despedirse. Torpe el hombre-poeta, nadie que se sepa, le ha dado
ese permiso. El retiro a Miami está muy bien, pero ese dejar las
cosas como están, con un simple Hasta luego, se sale de
toda medida. No hay sastre para este caminante todavía.
Pero don Eugenio insiste, y Florit se marca a sí mismo en el poema
Destino.
Mejor ámbito aquí, dentro de casa,
para escribir lo ancho
y lo pequeño de este mundo.
Apenas diferente
conocer la distancia de una estrella
o el alado camino
de la hoja caída de su árbol.
Preciso es dar al aire
este amargo sabor que muerde dentro,
que pide luz de fuera, la que arde
de su estar siempre fiel a su destino
que es el lucir en las palabras
y saltarse los mundos que conoce
y los que aún no han sido revelados.
Un ámbito que esconde
en sí el oculto pensamiento
--brillante piedra que en su día
nos pidió rescatarla,
a ella, la escondida de los siglos,
humilde aún, que espera
el roce misterioso de unos dedos ...
Ahora, despertada
de su soñar antiguo,
nacida a luz y sol,
hecha ya una palabra.
Milagro al fin que vive
al amor de su dueño:
de quien soñó con ella
en la forma final de su destino.
Deja Florit algo por decir, aun por oculto que sea. Resulta un posible muy
difícil de comprobar, imaginar o discutir buscando ese decir que
aparece y desaparece en esta última poesía del Eugenio miamense.
Pues es en este libro fechado con poemas entre 1990 y 1992, que el poeta
dicta con mano segura o insegura, ese punto final a su obra.
En Hasta luego Florit muestra una vez más la pulcritud
de su afán, de su quehacer poético, dándole al poema
el espacio-lugar que su dignidad merece. Es este Eugenio miamense, en
el que muchos tienden a confundirse, hay un rescate hacia la soberanía
del poeta sobre la poesía, convirtiéndose en la expresión
máxima de los dones alcanzados, aun cuando otras visiones de la
vida se interpongan. Para separar las diferencias, nada mejor que el poema
surgido tras la confesión de Juan Rulfo: "Es que somos muy pobres."
Los pobres en amor, qué pobres somos.
Ya ni la tierra nos parece hermosa,
ya ni la noche, ni la tarde clara,
ni el árbol, ni la flor nos enriquecen.
¿Qué nos da de calor la mano abierta,
de compañía la callada estancia,
del piano la voz desvanecida,
de la luz el brillar, de la presencia
el hálito fugaz que se evapora?
Pobres de amor, pasamos de camino
con la desilusión por compañera
y un preguntar que nadie nos responde
queda vibrando al aire del silencio;
y al aire van las voces y la pena
y todo el aire es un lugar de olvido.
¿Quieres amor? Más quiero la riqueza
de este seguro estar en mi pobreza.
El poeta que nos suma en su despedida aún sostiene la multiplicación
de los panes y los peces, y en la más antigua oferta de las tradiciones
mediterranéas y antillanas, convoca su palabra ante la relación
agua-tierra de toda isla o navegante. En El mar de siempre Eugenio
Florit enuncia-inicia el viaje que de entre nosotros se nos escapa, utilizando
el indiscutible magisterio de la lengua española, por rancia y dominante,
más luminosa ...
No volver a soñar más que en lo mismo
para tejer el hilo de los tiempos
que tal vez fueron milagrosos.
0, acaso no existieron
sino en la mente de quien los pensó.
Ese arrullo que escuchas
no es el del mar de entonces;
aquel calló con las ausencias
o bien se hundió lejano
y se perdió en la espuma de otros mares.
No son los mismos, nunca.
Cada uno se acerca a sus orillas
diversos todos, todos únicos
en el rozar del agua con su tierra;
y cada tierra con su mar se duerme
o al levantar el sol con él se alza.
Pero distintas, diferentes,
las tierras lejos, las de cerca,
tienen su propio mar que las arrulla
y con diverso pálpito respiran.
Como es otra la música
que en su bajar nos llega
del infinito mar de las constelaciones.
Y así vamos de mares y de orillas
al límite final que nos espera.
Otra
obra
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